lunes, agosto 01, 2005

Fin de semana salvaje ¿?

La niebla era dueña de mi ciudad, Buenos Aires, era niebla, sin luna, con algunas estrellas que se escondian por timidez.
Decidi conocerla sin saber lo que me pasaria luego, sali no muy abrigada pero con una campera en la mano, porque yo intuia que con los cambios climaticos algo iba a pasar.
La niebla era la dueña de la noche, ninguna de las personas que caminaban por las calles porteñas podia negarlo, ella, tan perfecta, tan fea, tan mala pero linda a la vez se aparecio transformando lo hermoso en feo...pero para ella estaba bien.
El colectivo no tardo en llegar, me senti mas segura en un trasporte publico, menos de media hora de viaje y solo una cuadra por caminar.
Mi amiga y yo, solas en una casa, hablando de las cosas que nos unian, unas pizzas y despues vendrian los chicos para tomar unos daikiris y decidir partir a caminar por Buenos Aires, aunque la niebla se convertiria en amenaza.
Mas de tres horas caminando, ningun pool a la vista, solo uno y cuando conseguimos jugar se corta la luz, lo salvaje salio a la vista, la gente loca empezo a romper todo, cerveza que caia del techo, lamparas rotas, mesas de pool destruidas y yo ahi, con un telefono con linterna iluminando todo para llegar a poder salir de esa "batalla campal".
Volvimos a caminar y la niebla fue nuestro testigo.
Un ratito en la casa y nos fuimos, despedida casual ¿nos vemos otra vez? dale.
Nos subimos al colectivo, menos de media hora de viaje, me dejo a 10cuadras de casa, no me tome un taxi por intuicion.
Maldita intuicion.
La niebla fue testigo.
3 cuadras y un choque multiple en mi Palermo.
1 taxi y 2 autos.
Camine rapido, llegue a mi cuadra y me detuve, pense ¡¡¡no puede ser!!!.
Maldita intuicion, maldita niebla.
La puerta fue facil de abrir, cerre la reja y pase todo mi pequeño living, me desvesti en el camino y me acoste con una remera vieja.
Me desperte a la una menos cuarto, gritando.
La chica violeta me estaba esperando en donde estan los animales...
Vacas, cerdos, gallinas.
Los granaderos no nos miraron.
Pero los otros si.
Una tarde "salvaje" propiamente dicha.
Y el viento que me acariciaba la nuca como diciendo "ayer zafaste...zafaste".

Chir

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